Esta semana, recibí a través del Facebook de Turismo Madrid, esta carta de una de nuestras fans, Mónica Salgado, que relata una historia entrañable, que quiero compartir con vosotros. ¡Gracias, Mónica!
“Una de las experiencias más bonitas que me han pasado en Madrid ha sido inciar una amistad con unos ingleses a los que conocí por casualidad. Lo cuento en el relato que te mando más abajo.
Es una especie de carta, dirigida a esta ciudad que tanto quiero. Al enviarosla es como enviarla a un destino muy apropiado. Me resulta tan difícil resumir en pocas palabras todo lo que quiero decir… Espero que os guste”
“CONVERSACIONES CON MADRID”
Siempre me he preguntado cuál es el extraño motivo por el que cada vez que paseo por tus

Catedral de la Almudena - Foto:Fernando Manso
calles es como si volviera a casa. Es una sensación difícil de explicar. Nací aquí, aunque no tengo la suerte de poderte disfrutarte a diario. Como tantas miles de personas, formo parte de uno de los pueblos de la periferia. Eso me hace apreciar los fabulosos rincones de estos pueblos que quizá de otra manera nunca hubiera descubierto, o me hubiera costado mucho más.
Pero no puedo evitar sentir que vuelvo a casa.
Recuerdo una calurosa tarde de verano, por los alrededores de la Catedral de la Almudena me abordaron dos ingleses bastante preocupados por su desubicación. Se fijaron en mi cámara de fotos. También en mi cuaderno de dibujos con anotaciones.
Tras visitar el interior de la catedral aún se preguntaban por qué esa réplica a tamaño natural en el nicho situado a cierta altura en una antigua muralla de la ciudad, justo a la izquierda de la entrada a la cripta. Me quedé mirando la escultura, sin saber qué contestar. De repente, miles de palabras rebotaban en mi cabeza y sin saber ni cómo ni porqué tomaban forma y salían por mi boca.
Les conté la historia de la virgen, traída desde Tierra Santa por el Apóstol Santiago, cuando la ciudad se sintió amenazada por las tropas conquistadoras musulmanas, sus gentes corrieron a esconder todos los objetos católicos por miedo a que fueran destruidos. Les conté que la ocultaron en un lugar secreto, el cual se selló, acompañándola por dos cirios encendidos. Durante muchos años fue imposible encontrarla, Generación tras generación se perdió la pista. Pero al final el milagro obró. Y cuando el rey Alfonso VI volvió a reconquistar Madrid, su cólera por no poder recuperarla era tal que ya se disponía a demoler las murallas árabes a ver si aparecía. El 9 de Noviembre, fecha tope para su reposición, el muro comenzó a desmoronarse. Reveló la imagen intacta de la Virgen incluso con los cirios aún encendidos.
No sé como pude saber todo eso. Simplemente hablaba y hablaba y revivía esas historias. Los ingleses se sintieron muy agradecidos. Esa era la ciudad que querían conocer.

Vista de la Plaza Mayor - Foto: Fernando Manso
Año tras año volvimos a encontrarnos. Recorrimos muchos rincones, desde el terreno que hoy ocupa la Plaza Mayor, donde antiguamente, mucho antes de su construcción un lago dominaba ese terreno. Cuando Felipe II quiso convertir la ciudad en un puerto de mar, con sólidos proyectos que obviamente nunca fueron llevados a cabo. Superamos epidemias confinados en la calle de la salud, paseamos por la calle Caballero de Gracia cuando aún era la arteria principal, antes de la construcción de la Gran Vía. En fin, muchas historias que acudían a mi cabeza y que mis amigos y yo misma tanto disfrutábamos.
Ahora ya se por qué me siento como en casa.
Se que siempre viví aquí.
Pertenecí a esta ciudad incluso antes de nacer.
Presencié muchos momentos, desde los inicios de Magerit y su posterior transformación a la actual Madrid.
Por todas partes quedan impresas las almas de tantas y tantas personas que lucharon por hacer de esta una gran ciudad. Llena de rincones maravillosos que han sabido adaptarse al paso del tiempo y los cuales nunca debemos olvidar, porque al fin y al cabo son los que le dan su verdadera personalidad.
Mis amigos los ingleses no fallan en su visita, y sonrío cuando se acercan y abren su cuaderno, lleno de dibujos y anotaciones. Entonces permanecemos unos segundos en silencio y podemos escuchar tu latido, el latido de esta ciudad que tanto amamos, y eso nos indica que ya estamos preparados para comenzar una nueva aventura.
Quién sabe lo que nos deparará el día de hoy… ¿y el de mañana?















Que bonita carta, me ha gustado mucho tanto el sentimiento que expresa como la forma de escribirlo. Ya tengo ganas de conocer mas cosas sobre esta bonita ciudad.
De verdad es muy muy muy muy buena.
Saludos
Mónica, seguro que tu ciudad está encantada de recibir esta carta y también habrás conseguido que su latido hoy sea aún mayor.
Es preciosa, que bien escribes.
Muchas gracias!!
Me alegra mucho que os haya gustado
Hola Monic:
Eres una delicia como persona y como escritora, me encanta es precioso, es tan bonito como los que he leído otras veces, no cambies nunca eres genial.
Mil besos.
Gracias por incluir esta carta. Soy de Nueva York, pero desde la primera vez que visité Madrid, sentí que mi alma era española… llegué a decirle a mi madre durante esta primera visita que había nacido en el país equivocado. Ahora llevo once años viviendo en Madrid, y me sigue fascinando. Me encanta visitar NY, pero al acercarnos a Madrid en avion, justo antes de aterrizar en Barajas, siempre se me ponen los pelos de punta porque estoy regresando “a casa”. Es un lugar que te hace sentir acogida y feliz.